viernes, 13 de abril de 2007

RESUMEN DE ALGO

Mis comienzos en ingenieria fueron como un juego, un soplo de aire fresco a una inspiración poética que me acompaña siempre, y desde hacía tiempo no encontraba excusa para sacar a pasear mi realidad... Empecé escribiendo con esas palabras elegidas, esas que habitan los diccionarios y sólo las personas que gustamos de leer y empaparnos del mundo ficticio y culto que nos proporcionan los libros (algunos libros...) sabemos apreciar. Ya ha llovido mucho desde aquellos días, y mis pensamientos rodearon mi mente y se fueron a la prosa descriptiva, a los pensamientos que surcaban mi mente día a día, sin tanto valor místico, simplemente intentos de recrear mi sentimiento fugaz de ese momento. Cambios que surgieron de su realidad temporal, de los movimientos que en mi vida iban apareciendo, del cambio de ciudad, amigos, etc..., de la falta de tiempo libre, de un acoplamiento indeseado a la vida veloz y sin apenas tiempo de reflexión que nos ofrece el mundo moderno. Afortunadamente, nada permanece. Mi vida ha seguido adelante, y siempre he conservado en lo más profundo de mí esa tierna esperanza, dura cual roca a pesar de su apariencia, que me define como lo que siempre he sido y seré, positivo a mi entender, no sé a ojos de los demás....pero ya hoy volviendome a sentir parte de mi. Esa esperanza es la que me hace vislumbrar un futuro muy próximo fabuloso: la recompensa a tantos esfuerzos, el descanso del guerrero que se sabe cumplidor de sus deberes. Pronto tantos meses de búsqueda y desánimos darán sus frutos, y al fin tendré mi casa nueva...titulado ya, amado ya, amando ya....todo un nuevo camino. Una casa, un nuevo camino, el inicio de una vida nueva, con mi pareja (valentina amada), una cama para el amigo cansado que viene de lejos a visitarnos, un pequeño taller donde llevar a cabo todas y cada una de mis (descabelladas a veces) ideas y formas de arte, el comienzo de un nuevo hogar y, quien sabe, el comienzo de un futuro más acorde a mi forma de ver la felicidad. Jaime siempre ha sido como es, y lucharé por seguir siendo como soy. No me arrepiento de mi forma de ser, sino de la falta de realización en mi vida, pues cada uno debería llevar su actitud y su pensamiento a su realización plena, nadie debería sentirse esclavo de una sociedad que no entiende al individuo como tal, que sólo contempla un todo consumista y productico...y que debe ser aceptado como un prototipo de ser que nunca fue...solo para avanzar a la par de la sociedad con la cual convive. sin mas, dejo mil saludos a todos loq ue me queren, a los que me apoyan y a los que gustan y se dan la lata de eleer cada una de mis cosas.... mas especial saludo a valentina, por la fuerza que tiene para mantenerme enamorado y a su mas magico ser que existe en tan bello cuerpo, por aguantarme en este tiempo de distanciamiento...pero amor...volvere por ti y por mis sueños juntoa ti...y los tuyos junto a mi.... bendiciones a cada uno de los visitantes xau xau

lunes, 9 de abril de 2007

El tiempo y el AMOR...una buena mezcla



Había una vez una isla en la que vivían todas las emociones y sentimientos humanos que existen. Estaban el miedo, el Amor, el Odio ... Un día el Conocimiento convocó una reunión inesperada.-Tengo una mala noticia: la isla se hunde- dijo a todos. -¡No puede ser! ¡Pero si vivimos aquí desde siempre! ¡Estás equivocado!- exclamaron las emociones al unísono. -El Conocimiento casi nunca se equivoca -dijo la Conciencia dándose cuenta de la verdad-. Si él dice que se hunde, debe ser porque se hunde.-¿Pero qué vamos a hacer ahora?- se preguntaron.-Por supuesto cada uno puede hacer lo que quiera, pero les sugiero que construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella. La Previsión y yo hemos construido un avión y volaremos hasta la isla más cercana.Todas las emociones se dedicaron a construir un barco para irse. Todas salvo el Amor. -¿Cómo podría dejar esta isla después de todo lo que viví aquí?. Compartimos tantas cosas ...Y el Amor se subió a cada árbol, a cada rosa. Se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacer en otros tiempos. Acarició cada rama... "Quizá la isla se hunda por un ratito y después resurja...", pensó.A pesar de que la isla se hundía cada vez más, el Amor no podía pensar en construir un barco. Estaba tan dolorido que sólo era capaz de llorar. Se le ocurrió que podía refugiarse en la zona más alta de la isla. Cualquier cosa era mejor que irse. Hacer una pequeña renuncia nunca había sido problema para él.La isla seguía hundiéndose. El Amor se refugiaba cada día en un espacio más pequeño hasta que sólo quedó un trozo de suelo firme y el resto había sido completamente tapado por el agua.Entonces comprendió que si no dejaba la isla, el Amor desaparecería para siempre de la faz de la Tierra. Pero ya no había posibilidad de construir una salida. Había perdido demasiado tiempo en llorar lo que desaparecía ante sus ojos. Así que se sentó a esperar el final en el último pedacito de isla que quedaba aún sin agua, cuando, de pronto, vio a un viejecito que le hacía señas desde un bote de remos. -Ven. Sube y rema conmigo- le dijo el viejecito al Amor. -Nunca volverá a existir una isla como ésta- se lamentaba el Amor mientras subía al bote. -Como ésta nunca- dijo el viejo.Cuando llegaron a la isla vecina, el Amor comprendió que gracias al viejecito estaba vivo e iba a poder seguir existiendo. Se giró para darle las gracias, pero éste se había marchado.Entonces el Amor fue en busca de la Sabiduría. -¿Cómo puede ser?. Yo no lo conozco y él me salvó. ¿Quién es?. La Sabiduría lo miró y le dijo: "Él es el único capaz de conseguir que el Amor sobreviva cuando el dolor de una pérdida le hace creer que es imposible seguir adelante. Él es el único capaz de darle una nueva oportunidad al Amor cuando parece extinguirse. Él te salvó, Amor, Él es el Tiempo".

Dedicados a mis amigos....y especial al Beto que ya emprende su viaje....exito en todo warro!!!



La amistad es una palabra con muchos conceptos,La amistad es recopilar los sentimientos adquiridos,La amistad es contar con un apoyo en momentos de tormentas,La amistad es sentirse querido, admirado por seres con una misma alma como la tuya.
La amistad se dibuja en una persona, que Dios mandó a la tierra,La amistad se implanta en nuestro corazón, desde que nacemos hasta cuando morimos,La amistad es vivir en un mundo de sueños y fantasías con una sola realidad,La amistad es y será un poder grande, que nace en el alma y se aflora en nuestro ser.
El amigo es aquel ángel que Dios mando a cuidarnos,El amigo es el apoyo en momentos de pena,El amigo es la fiel compañía a tu soledad, en cualquier momento,El amigo es la más hermosa perla, que el mundo aun conserva.
Porque los amigos son parte de nuestra vida, en cada sonrisa, en cada alegría,Porque los amigos son aquellos que nos miran a los ojos para llegar a nuestra alma,Porque sin los amigos nos sentiríamos perdidos, en un mundo que cambia cada día,Porque sin los amigos, solo seríamos, un cuerpo sin sentimientos.
Porque el mejor amigo, nunca te hará sufrir, aun así no seas perfectoPorque el mejor amigo te hará ver tus errores sin lastimarte,Porque el mejor amigo daría la vida por ti, solo por ganarse tu aprecio y tu cariño,Porque el mejor amigo siempre tendrá tiempo para ti, aun así el no lo tenga.
Y si algún día, tu vida no tiene sentido y te falta un amigo,No es porque nunca lo has tenido, sino que Él esta ahí,En cada llanto que tengas, en cada camino que sufras, tu mejor amigo esta ahí,Solo calma tu gran corazón y veras que JESÚS, siempre estuvo ahí.
Hoy gracias a ellos, he crecido un poco más,Hoy gracias a ellos, me siento vivo cada día,Hoy gracias a ellos, me siento completo espiritualmente,Y a Dios doy gracias, por haberlos conocido en esta vida que me toco vivir, ¡GRACIAS!
falta gente en la foto....sin duda que sí....no obstante quero que todos, sin decir nombre, todo aquel que se siente participe de esta amistad, tenga en cuenta que estuvo en mis pensamientos al subir este escrito....
mas nada decir, que de apoco nos vamos separando, pk cada uno tomara un nuevo camino...pero sin duda, que en esta vida tendremos muchas instancias para volvernos a juntar....la verdadera amistad yo la conoci en la universidad y gracias a ustedes por estar alli cuando estuve solo y necesite apoyo.....

martes, 3 de abril de 2007

el miedo y el amor

Es normal tener miedo ante lo nuevo, el miedo es una reacción natural frente a una situación que nos toma por sorpresa y que obviamente desconocemos. El miedo es, también, la afirmación más clara de nuestra humanidad.
Y eso lo aprendemos desde pequeños cuando damos nuestros primeros pasos.
Para aprender a caminar, uno tiene que tropezarse, golpearse, levantarse, caerse varias veces, levantarse y otra vez volver a caer; pero sobre todo vencer el miedo, vencer el círculo de temores que antecede a la primera caída...
Con el amor sucede algo parecido, uno tiene necesariamente que equivocarse, y a veces perseverar en el error, sin escuchar a nada, ni a nadie. Y entonces uno se descubre como en la primera infancia, cayéndose una y otra vez, golpeándose con la misma piedra, venciendo los más grandes temores, pero sobre todo, aprendiendo...
El mundo nos ha enseñado con razones justificadas a desconfiar, a tener miedo de todo lo que brilla en medio de la oscuridad, a mirar con malicia y cierto prejuicio a la mano que se extiende en la desgracia.
La frase “nadie hace nada a cambio de algo” está colgada sobre nuestras cabezas como una Espada de Damocles y nos hace retroceder ante lo nuevo, por más que éste de visos claros de sinceridad y honestidad moral, la cultura de la desconfianza nos hace estar siempre a la defensiva en todos los aspectos.

sábado, 31 de marzo de 2007

Capitulo I del mejor libro que he leido

El cielo era una inflada panza de burro colgando amenazante a escasos palmos de las cabezas. El viento tibio y pegajoso barría algunas hojas sueltas y sacudía con violencia los bananos raquíticos que adornaban el frontis de la alcaldía.
Los pocos habitantes de El Idilio más un puñado de aventureros llegados de las cercanías se congregaban en el muelle, esperando turno para sentarse en el sillón portátil del doctor Rubicundo Loachamín, el dentista, que mitigaba los dolores de sus pacientes mediante una curiosa suerte de anestesia oral.
— ¿Te duele? —preguntaba.
Los pacientes, aferrándose a los costados del sillón, respondían abriendo desmesuradamente los ojos y sudando a mares.
Algunos pretendían retirar de sus bocas las manos insolentes del dentista y responderle con la justa puteada, pero sus intenciones chocaban con los brazos fuertes y con la voz autoritaria del odontólogo.
— ¡Quieto, carajo! ¡Quita las manos! Ya sé que duele.
¿Y de quién es la culpa? ¿A ver? ¿Mía? ¡Del Gobierno!
Métetelo bien en la mollera. El Gobierno tiene la culpa de que tengas los dientes podridos. El Gobierno es culpable de que te duela.
Los afligidos asentían entonces cerrando los ojos o con leves movimientos de cabeza.
El doctor Loachamín odiaba al Gobierno. A todos y a cualquier gobierno. Hijo ilegítimo de un emigrante ibérico, heredó de él una tremenda bronca a todo cuanto sonara a autoridad, pero los motivos de aquel odio se le extraviaron en alguna juerga de juventud, de tal manera que sus monsergas de ácrata se transformaron en una especie de verruga moral que lo hacía simpático.
Vociferaba contra los gobiernos de turno de la misma manera como lo hacía contra los gringos llegados a veces desde las instalaciones petroleras del Coca, impúdicos extraños que fotografiaban sin permiso las bocas abiertas de sus pacientes.
Muy cerca, la breve tripulación del Sucre cargaba racimos de banano verde y costales de café en grano.
A un costado del muelle se amontonaban las cajas de cerveza, de aguardiente Frontera, de sal, y las bombonas de gas que temprano habían desembarcado.
El Sucre zarparía en cuanto el dentista terminase de arreglar quijadas, navegaría remontando las aguas del río Nangaritza para desembocar más tarde en el Zamora, y luego de cuatro días de lenta navegación arribaría al puerto fluvial de El Dorado.
El barco, antigua caja flotante movida por la decisión de su patrón mecánico, por el esfuerzo de dos hombres fornidos que componían la tripulación, y por la voluntad tísica de un viejo motor diesel, no regresaría hasta pasada la estación de las lluvias que se anunciaba en el cielo encapotado.
El doctor Rubicundo Loachamín visitaba El Idilio dos veces al año, tal como lo hacía el empleado de Correos que raramente llevó correspondencia para algún habitante. De su maletín gastado sólo aparecían papeles oficiales destinados al alcalde, o los retratos graves y descoloridos por la humedad de los gobernantes de turno.
Las gentes esperaban la llegada del barco sin otras esperanzas que ver renovadas sus provisiones de sal, gas, cerveza y aguardiente, pero al dentista lo recibían con alivio, sobre todo los sobrevivientes de la malaria cansados de escupir restos de dentadura y deseosos de tener la boca limpia de astillas, para probarse una de las prótesis ordenadas sobre un tapete morado de indiscutible aire cardenalicio.
Despotricando contra el Gobierno, el dentista les limpiaba las encías de los últimos restos de dientes y enseguida les ordenaba hacer un buche con aguardiente.
—Bueno, veamos. ¿Cómo te va ésta?
—Me aprieta. No puedo cerrar la boca.
— ¡Joder! Qué tipos tan delicados. A ver, pruébate otra.
—Me viene suelta. Se me va a caer, si estornudo.
—Y para qué te resfrías, pendejo. Abre la boca.
Y le obedecían.
Luego de probarse diferentes dentaduras encontraban la más cómoda y discutían el precio, mientras el dentista desinfectaba las restantes sumergiéndolas en una marmita con cloro hervido.
El sillón portátil del doctor Rubicundo Loachamín era toda una institución para los habitantes de las riberas de los ríos Zamora, Yacuambi y Nangaritza.
En realidad, se trataba de un antiguo sillón de barbero con el pedestal y los bordes esmaltados de blanco. El sillón portátil precisaba de la fortaleza del patrón y de los tripulantes del Sucre para alzarlo, y se asentaba apernado sobre una tarima de un metro cuadrado que el dentista llamaba «la consulta».
—En la consulta mando yo, carajo. Aquí se hace lo que yo digo. Cuando baje pueden llamarme sacamuelas, hurgahocicos, palpalenguas, o como se les antoje, y hasta es posible que les acepte un trago.
Quienes esperaban turno mostraban caras de padecimiento extremo, y los que pasaban por las pinzas extractoras tampoco tenían mejor semblante.
Los únicos personajes sonrientes en las cercanías de la consulta eran los jíbaros mirando acuclillados.
Los jíbaros. Indígenas rechazados por su propio pueblo, el shuar, por considerarlos envilecidos y degenerados con las costumbres de los «apaches», de los blancos.
Los jíbaros, vestidos con harapos de blanco, aceptaban sin protestas el mote nombre endilgado por los conquistadores españoles.
Había una enorme diferencia entre un shuar altivo y orgulloso, conocedor de las secretas regiones amazónicas, y un jíbaro, como los que se reunían en el muelle de El Idilio esperando por un resto de alcohol.
Los jíbaros sonreían mostrando sus dientes puntudos, afilados con piedras de río.
— ¿Y ustedes? ¿Qué diablos miran? Algún día van a caer en mis manos, macacos —los amenazaba el dentista.
Al sentirse aludidos los jíbaros respondían dichosos.
— Jibaro buenos dientes teniendo. Jíbaro mucha carne de mono comiendo.
A veces, un paciente lanzaba un alarido que espantaba los pájaros, y alejaba las pinzas de un manotazo llevando la mano libre hasta la empuñadura del machete.
— Compórtate como hombre, cojudo. Ya sé que duele y te he dicho de quién es la culpa. Qué me vienes a mí con bravatas. Siéntate tranquilo y demuestra que tienes bien puestos los huevos.
— Es que me está sacando el alma, doctor. Déjeme echar un trago primero.
El dentista suspiró luego de atender al último sufriente. Envolvió las prótesis que no encontraron interesados en el tapete cardenalicio, y mientras desinfectaba los instrumentos vio pasar la canoa de un shuar.
El indígena remaba parejo, de píe, en !a popa de la delgada embarcación. Al llegar junto al Sucre dio un par de paletadas que lo pegaron al barco.
Por la borda asomó la figura aburrida del patrón. El shuar le explicaba algo gesticulando con todo el cuerpo y escupiendo constantemente.
El dentista terminó de secar los instrumentos y los acomodó en un estuche de cuero. Enseguida tomó el recipiente con los dientes sacados y los arrojó al agua.
El patrón y el shuar pasaron por su lado rumbo a la alcaldía.
— Tenemos que esperar, doctor. Traen un gringo muerto.
No le agradó la nueva. El Sucre era un armatoste incómodo, sobre todo durante los viajes de regreso, recargado de banano verde y café tardío, semipodrido, en los costales.
Si se largaba a llover antes de tiempo, cosa que al parecer ocurriría ya que el barco navegaba con una semana de retraso a causa de diversas averías, entonces debían cobijar carga, pasajeros y tripulación bajo una lona, sin espacio para colgar las hamacas, y si a todo ello se sumaba un muerto el viaje sería doblemente incómodo.
El dentista ayudó a subir a bordo el sillón portátil y enseguida caminó hasta un extremo del muelle. Ahí lo esperaba Antonio José Bolívar Proaño, un viejo de cuerpo correoso al que parecía no importarle el cargar con tanto nombre de prócer.
— ¿Todavía no te mueres, Antonio José Bolívar?
Antes de responder, el viejo se olió los sobacos.
—Parece que no. Todavía no apesto. ¿Y usted?
— ¿Cómo van tus dientes?
— Aquí los tengo —respondió el viejo, llevándose una mano al bolsillo. Desenvolvió un pañuelo descolorido y le enseñó la prótesis.
— ¿Y por qué no los usas, viejo necio?
— Ahorita me los pongo. No estaba ni comiendo ni hablando. ¿Para qué gastarlo entonces?
El viejo se acomodó la dentadura, chasqueó la lengua, escupió generosamente y le ofreció la botella de Frontera.
—Venga. Creo que me gané un trago.
—Vaya que sí. Hoy día sacó veintisiete dientes enteros y un montón de pedazos, pero no superó la marca.
— ¿Siempre me llevas la cuenta?
— Para eso son los amigos. Para celebrar las gracias del otro. Antes era mejor, ¿no le parece?, cuando todavía llegaban colonos jóvenes. ¿Se acuerda del montuvio aquel, ese que se dejó sacar todos los dientes para ganar una apuesta?
El doctor Rubicundo Loachamín ladeó la cabeza para ordenar los recuerdos, y así llegó hasta la imagen del hombre, no muy Joven y vestido a la manera montuvia. Todo de blanco, descalzo, pero con espuelas de plata.
El montuvio llegó hasta la consulta acompañado de una veintena de individuos, todos muy borrachos. Eran buscadores de oro sin recodo fijo. Peregrinos, los llamaban las gentes, y no les importaba si el oro lo encontraban en los ríos o en las alforjas del prójimo. El montuvio se dejó caer en el sillón y lo miró con expresión estúpida.
— Tú dirás.
— Me los saca toditos. De uno en uno, y me los va poniendo aquí, sobre la mesa.
—Abre la boca.
El hombre obedeció, y el dentista comprobó que junto a las ruinas molares le quedaban muchos dientes, algunos picados y otros enteros.
— Te queda un buen puñado. ¿Tienes dinero para tantas extracciones?
El hombre abandonó la expresión estúpida.
— El caso es, doctor, que los amigos aquí presentes no me creen cuando les digo que soy muy macho. El caso es que les he dicho que me dejo sacar todos los dientes, uno por uno y sin quejarme. El caso es que apostamos, y usted y yo nos iremos a medias con las ganancias.
— Al segundo que te saquen vas a estar cagado y llamando a tu mamacita —gritó uno del grupo y los demás lo apoyaron con sonoras carcajadas.
— Mejor te vas a echar otros tragos y te lo piensas. Yo no me presto para cojudeces —dijo el dentista.
—El caso es, doctor, que si usted no me permite ganar la apuesta, le corto la cabeza con esto que me acompaña
Al montuvio le brillaron los ojos mientras acariciaba la empuñadura del machete.
De tal manera que corrió la apuesta.
El hombre abrió la boca y el dentista hizo un nuevo recuento. Eran quince dientes, y, al decírselo, el desafiante formó una hilera de quince pepitas de oro sobre el tapete cardenalicio de las prótesis. Una por cada diente, y los apostaderos, a favor o en contra, cubrieron las apuestas con otras pepitas doradas. El número aumentaba considerablemente a partir de la quinta.
El montuvio se dejó sacar los primeros siete dientes sin mover un músculo. No se oía volar una mosca, y al retirar el octavo lo acometió una hemorragia que en segundos le llenó la boca de sangre. El hombre no conseguía hablar, pero le hizo una señal de pausa.
Escupió varias veces formando cuajarones sobre la tarima y se echó un largo trago que lo hizo revolverse de dolor en el sillón, pero no se quejó, y tras escupir de nuevo con otra serial le ordenó que continuase.
Al final de la carnicería, desdentado y con la cara hinchada hasta las orejas, el montuvio mostró una expresión de triunfo horripilante al dividir las ganancias con el dentista.

— Sí. Ésos eran tiempos —murmuró el doctor Loachamín, echándose un largo trago.
El aguardiente de caña le quemó la garganta y devolvió la botella con una mueca.
—No se me ponga feo, doctor. Esto mala los bichos de las tripas —di]o Antonio José Bolivar, pero no pudo seguir hablando.
Dos canoas se acercaban, y de una de ellas asomaba la cabeza yaciente de un hombre rubio.

COMO SER JEFE

Como llegar a Jefe. Un día, el cerebro dijo: - Por ser yo quien da las ordenes y controla las diferentes partes del cuerpo, exijo que se me llame jefe. Los pies dijeron entonces: - Somos nosotros los que soportamos todo su peso y lo trasladamos a todas partes, por lo tanto la jefatura nos corresponde. De la misma forma las distintas partes del cuerpo expresaron su importancia. El corazón, los pulmones, el oído y hasta el mismísimo culo reclamaron su derecho a ser jefe. Todos, al conocer las pretensiones del culo se echaron a reir, ¿cómo se atrevía a peticionar un órgano (si se lo puede llamar órgano) tan desprestigiado e insignificante como ese? A raíz de las burlas y herido en sus más íntimos sentimientos, el culo, como buen culo que era, se enculó y decidió bloquear la salida, en tres palabras: - No cago mas!!! - dijo. Al poco tiempo y como consecuencia de esa actitud, el cerebro comenzó con trastornos, había alta fiebre, los ojos se hincharon, los pies se inflamaron y había dolor, ya no podían soportar el peso del cuerpo. El corazón y los pulmones luchaban por sobrevivir, tenían que trabajar a toda máquina para eliminar una parte de las toxinas que los invadían. Todo era un desastre hasta que todos juntos imploraron para que el culo fuera el jefe. Enterado de lo resuelto, el culo comenzó a funcionar, cagando a diestra y siniestra, asumiendo su cargo de jefe. MORALEJA: Para llegar a jefe no es necesario ser un cerebro, ni inteligente, ni ser más o menos imprescindible, solamente hay que tener culo y saber el momento oportuno para cagar a los demás.

Que es ser UN GRAN HOMBRE

Es la primera vez que escribo sobre nosotros los hombres..., hombres que siempre nos caracterizamos por ser el sexo fuerte, aunque muchas veces caemos por debilidad. ...Me pregunté tantas veces, cuál era la fórmula exacta para llegar a ser un gran hombre y no dejarme vencer por las pequeñeces...Conforme pasan los años... descubrimos que si tan sólo todos los hombres lucháramos por ser grandes de espíritu, grandes de alma y grandes de corazón... ¡el mundo sería completamente distinto! Aprendí que un Gran Hombre... no es aquel que compra todo lo que desea, pues habemos tantos que hemos comprado hasta el cariño y el respeto de quienes nos rodean...Un padre decía a su hija...No busques a un hombre que sólo hable de sí mismo, sin preocuparse por ti... Ni a aquel que se pase las horas halagando sus propios logros...No te aferres a un hombre que te critique y te diga lo mal que te ves... o lo mucho que deberías cambiar... ¿Para qué quieres a un hombre que te abandonará si no cambias, por un cabello más claro?, ¿Por unos ojos de otro color? ¿O por un cuerpo más esbelto?... si no supo admirar la verdadera belleza que hay en ti. Cuántas veces me dejé llevar por la superficialidad de las cosas...,haciendo a un lado a quienes realmente me entregaban su sinceridad e integridad...Me costó trabajo comprender que GRAN HOMBRE no es el que llega más alto, ni el que tiene más dinero, casa, carro, ni el que vive rodeado de mujeres, ni mucho menos el más guapo... Un verdadero y gran hombre... es aquel ser humano lleno detransparencia, que no oculta sus verdaderos sentimientos ni se refugia en vicios y cortinas de humo, es el que abre su corazón sin rechazar la realidad, es quien admira a una mujer por sus cimientos morales y grandeza interior... Un Gran Hombre, es el que camina de frente, sin bajar la mirada, es aquel que no miente y sabe llorar su dolor......Se lo mando a mis "amigos hombres"... para que hagan crecer a ese GRAN HOMBRE que llevan dentro... y a mis "amigas mujeres" para que sepan elegir a ese GRAN HOMBRE